Nápoles

Nápoles (en napolitano Napule, en italiano Napoli) es la ciudad más poblada del sur de Italia, capital de la región de Campania y de la Ciudad metropolitana de Nápoles. Esta región posee mas de 1 millón de habitantes siendo la tercera ciudad más grande de Italia.  Está situada a medio camino entre el golfo de Nápoles y el colosal volcán Vesubio. Nápoles hay que vivirla para saber como es, vivaz, desorganizada con imágen caótica pero dentro de ese caos mantiene un cierto orden ya que sus propios habitantes crean sus propias reglas.

Los origenes de la ciudad se pierden en el tiempo y en leyendas fascinantes. La hipótesis más fascinante coloca su nacimiento en el siglo VII a.C, cuando los griegos colonizaron el Golfo para dirigirse hacia emporios mineros del alto tirreno, en el 326 a.C fue declarada colonia Romana.

Griegos, romanos, normandos y españoles han dejado su huella en la ciudad. De mano de los últimos, la ciudad fue el centro político del reino borbónico de las Dos Sicilias.

En Nápoles son innumerables los tesoros artísticos que se pueden visitar: el centro histórico, patrimonio mundial tutelado por la Unesco; los palacios, las iglesias, las catacumbas y los pasadizos subterráneos, el Museo Arqueológico; los lugares del poder medieval y renacentistas adensados alrededor de Castel Nuovo y el Palacio Real; el paseo marítimo inolvidable, desde Castel dell’Ovo a Posillipo. 


El área de las colinas del Vomero propone, en las sedes restauradas y aprestadas de manera ejemplar del Palacio Real de Capodimonte y de la Cartuja de San Martino, colecciones de museo entre las más importantes del mundo.

Un recorrido en la ciudad del siglo XX conduce, entre tantas emergencias urbanísticas y arquitectónicas dignas de mención, hasta las arquitecturas racionalistas de la Mostra d’Oltremare, con el parque y las estructuras deportivas y expositivas; a poca distancia, la Città della Scienza testimonia la recuperación de estructuras de arqueología industrial y la originalidad de una tradición científica que se renueva.

Nápoles, en definitiva, permanece hasta el final, a pesar de las dificultades y las contradicciones comunes a todas las grandes metrópolis, una realidad fuera de lo común, para vivirla, admirarla, degustarla, con todos los sentidos: por la trascendencia del arte y de la cultura que ha marcado indeleblemente su historia; por el clima templado, que acompaña día y noche espectáculos, festivales teatrales, musicales, muestras, ferias, manifestaciones religiosas; por las oportunidades “golosas”, a la descubierta de una tradición gastronómica plurisecular, de los sabores de mar y de sus productos “típicos” únicos (mozzarella de búfala, la pizza, los vinos Doc, una pastelería refinada y variada) en todas las variaciones sabias de los numerosos locales históricos o de los talleres artesanales más inesperados y escondidos.

Napoles tiene una gran riqueza histórica, artística, cultural y gastronómica, lo que llevó a la Unesco a declarar su centro histórico Patrimonio de la Humanidad.